‘Prévision’ d’acostament | Relato de diciembre #OrigiReto2019

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El cielo no había cambiado en absoluto desde la última vez que lo había estado observando. Apenas unos diez minutos si su reloj no mentía. Suspiró. Otra noche desperdiciada. René se miró las manos llenas de tinta y la pluma que había al lado de la libreta. El viejo y sus absurdas costumbres. Se levantó de la silla y estiró un poco las piernas y se masajeó las rodillas. Tantas horas sentadas no debían ser buenas. Una ligera brisa arrastró las hojas de papel del escritorio. Se acercó a la ventana para cerrarla y miró a la ciudad que descansaba debajo. Prajem. La Ciudad de los Deseos. O así es como le gustaba llamarla a su madre. Si quieres conseguir todo lo que te propongas esta era tu mejor opción. Pero, lo que más deseaba René era escapar de aquel planeta de locos.

La ciudad de Prajem era la capital del planeta Tóivotan. Sus habitantes se llamaban a sí mismos shamu, que en su propio idioma significaba: “seres de inteligencia superior”*. Era uno de los pueblos más antiguos de la Galaxia y eso equivalía a tener muchas TRADICIONES**. Coronaba la ciudad el Palacio Real donde vivía el rey Serakin III con toda su corte. El más joven de toda la historia. Y por ello, era el centro de todas las miradas y comentarios. En apenas cinco años de reinado ya habían escrito ocho biografías sobre él y ya formaba parte de los Solteros de Oro de la Galaxia.

Fuera del fastuoso palacio sobresalía como una especie de antena, la Torre del Mago, reservada exclusivamente para el hechicero de la corte. Sin embargo, para emoción de los historiadores, en el reinado del joven rey convivían dos: Malgalath, el Viejo y Gaspard, el Rojo. Y, para disfrute de la corte, se llevaban a matar. La principal disputa venía por una profecía que traía loco al anciano mago: “En la larga noche, surcará una estrella el cielo y quién consiga alcanzarla encontrará el Paraíso”. Una vez, el mago más joven comentó que no era más que una bufonada de un viejo senil. Y Malgalath contratacó con un comentario sobre la nariz aguileña de su joven compañero. René recordaba la penosa pelea que tuvieron los dos aquella noche. Coincidiendo con la visita de unos embajadores del Sistema Flock, seres con forma de rana y rostros rubicundos. Fue la primera vez que vio al rey tan enfadado.

—No voy a tolerar más una pelea como esta. ¿Me habéis entendido? —dijo el rey más tarde en privado aquella noche.

Los dos magos bajaron la cabeza.

—¿Qué imagen estamos dando al mundo si mis dos magos se pelean como colegiales?

René recordaba cómo Malgalath se ponía rojo de vergüenza, casi del color de la barba de Gaspard.

—Malgalath… Sabe bien que le tengo en alta estima y valoro muchísimo su opinión… —El rey hizo una pausa— Tal y como mi padre hizo. Y Gaspard. Tu increíble talento te ha valido un puesto de categoría. ¿Es mucho pedir que os comportéis como adultos? Con vuestra sabiduría y vuestras habilidades, conseguiríamos llevar a una nueva edad dorada a nuestro planeta…

Los dos magos asintieron en silencio visiblemente afectados. Sin embargo, al día siguiente volvieron a las andadas.

Y en mitad de todo el embrollo vivía René, la aprendiz de Malgalath. Quién la acogió cuando su madre murió de la misma enfermedad que había arrasado a la ciudad y al antiguo rey años ha. Con ocho años vivir en el palacio parecía como un cuento de hadas y le gustaba imaginar su vida conociendo a príncipes y princesas de otros mundos. Pero lo que se encontró fueron largas clases sobre astronomía, filosofía, matemáticas, artes plásticas, música… Cuando celebraba su décimo cumpleaños, el viejo mago le confesó que la estaba educando para que ella algún día se convirtiese en una hechicera como su padre biológico al que nunca conoció. La Primera Mujer de Tóivotan en convertirse en Maga. Para los shamu, mago significaba “sabio”, pero cuando René miraba a su maestro, la única palabra que le venía a la mente era “lunático”. Y desde entonces se había sentido atada a aquel lugar con aquella gente que cada vez le resultaba más y más extraña.

Cerró la ventana con suavidad. Ya habían pasado ocho años desde aquella revelación y seguía sin tener claro su futuro. Pero le había crecido una pesada sensación de querer salir corriendo. Se crujió los dedos mientras volvía al escritorio. Desde hacía varios meses, como parte “de su educación” observaba el cielo nocturno casi todas las noches mientras su maestro descansaba en su habitación. Todo por aquella dichosa estrella. René no terminaba de creerse aquella historia tampoco, así que todo aquel tiempo allí sola con sus pensamientos tristes no la beneficiaba en absoluto. A veces fantaseaba como cuando era una niña con las estrellas y con otros planetas. Aunque ya no le interesaban los príncipes, solo las princesas… Carraspeó para sí misma. Necesitaba concentrarse. Miró su reloj. Habían pasado otros cinco minutos más. Lo anotó en la libreta. Echó un vistazo rápido al soporte del telescopio gigante del viejo mago. Una estrella gigante cruzaba el firmamento. Mojó la pluma en la tinta y anotó lo de siempre. Nada. Se quedó paralizada durante unos segundos. El papel empezó a emborronarse mientras caían las gotas de tinta. Volvió a mirar por el telescopio. Una estrella gigante cruzaba el firmamento. Y cada vez estaba más cerca.

—¡No puede ser…! —exclamó con los ojos muy abiertos.

Se levantó de un salto de la silla y fue a despertar a su maestro.

La habitación de Malgalath el Viejo estaba decorada de una forma bastante extravagante. Tenía varios animales disecados como avestruces, una jirafa, dos pingüinos y un animal extraño que se llamaba gargatrahkuiyuop, con una forma tan extraña como su propio nombre. René abrió la puerta de un golpe y las luces se encendieron. El viejo mago dormía a pierna suelta sobre un colchón mullido.

—¡Maestro, despierte!

Empezó a zarandear al anciano que balbuceaba dormido.

—¡MAESTRO, LA ESTRELLA!

Seguía sin inmutarse.

—¡Ay, dios mío!

Nerviosa empezó a zarandear mucho más fuerte al viejo mago. Sin respuesta. En la mesita de noche al costado de la mullida estaba el vaso lleno de agua y la dentadura horripilante de su maestro. «No tengo otra opción…», pensó con las manos temblando. Y sin pensárselo dos veces lanzó el contenido directamente a la cara del anciano que resopló del susto y pataleó y dio puñetazos al aire mientras se caía de la cama.

—¿Qué está pasando? ¿René, eres tú querida?

—Maestro, la estrella, la estrella

—No sé de qué me hablas… No estoy ahora para paparruchadas. ¿Hay goteras en esta habitación? ¡Ha sido ese maldito Gaspard, seguro! Voy a cantarle las cuarenta y se lo diré al rey, así seguro que lo echará de una vez de mi torre. Seguro —el viejo empezó a murmurar por lo bajo mientras se levantaba como podía del suelo con las piernas temblando.

—¡Maestro, por favor! La estrella en el cielo, está pasando, es verdad, tenía razón, es la maldita estrella, está ocurriendo —René estaba desesperada.

—No, no, tiene que ser cosa de ese maldito usurpador, nada de estrellas, muchacha… Espera, ¿qué? ¿QUÉ?

Malgalath se irguió sobre sus dos piernas huesudas más rápido de lo que lo había hecho nunca y sin mediar palabra salió corriendo de la habitación hacia el observatorio.

El rey Serakin III soñaba que estaba en una playa tumbado al sol y disfrutando del pequeño susurrar del mar que acariciaba la costa. El aire suave le hizo estremecer. A su lado tenía un coco lleno de un néctar digno de todos los dioses. Suspiró. A lo lejos se escuchaba un barullo discordante, pero era tan lejano que no afectaba en absoluto a su relajación. Se repantingó en la hamaca y cerró los ojos para disfrutar de los rayos del sol. El jaleo se escuchaba cada vez más cerca. Más y más cerca. Se tapó los oídos, pero parecía hacerse más fuerte. Comenzó a entonar una cancioncilla. El guirigay se volvió ensordecedor. Abrió los ojos con tristeza para descubrir que estaba en su habitación. Alguien aporreaba su puerta con muchísima fuerza. Se levantó con calma y cogió sus gafas de la mesita de noche. Miró el reloj. Las dos de la madrugada. Aguantó la respiración. Tenía que ser importante, se resignó. Una suave brisa le acarició los pies desnudos. «Ojalá estar en esa playa…», pensó con una mano en el picaporte. Gaspard el Rojo se quedó quieto durante unos instantes al ver a su rey en paños menores. Serakin, impasible, miró al joven mago directamente a los ojos.

—¿Ocurre algo, Gaspard? —preguntó con una calma meditada.

—E-e-eh… S-sí, su majestad… Es el viejo… —contestó el mago haciendo enormes esfuerzos por no bajar de más la mirada y ver algo que no quería mirar.

—¿Me habéis despertado por alguna estúpida pelea? —interrumpió el rey dando mucho énfasis a estúpida.

—N-no, mi rey, no… Es algo más complicado, ¿cómo d-d-decir-l-lo?

—Prueba a hacerlo. Por favor. —musitó Serakin con la boca medio cerrada en una mueca.

—E-el viejo ten-nía razón…

—¿Cómo?

—La estrella. La estrella está cruzando el cielo. El viejo tenía razón.

Durante unos segundos Serakin III, rey de los shamu de la ciudad de Prajem, capital del planeta Tóivotan, pensó en la cálida brisa estival en una playa desconocida y el olor del mar mezclado con el néctar dentro de un coco. Su mirada brilló. Era su única oportunidad.

René estaba cogiendo todo lo que su maestro le lanzaba mientras este murmuraba observando una lista escrita en un papel enmohecido. Eran los materiales que el Primer Mago de la historia había escrito para la ocasión: Las cuarenta y dos cosas indispensables para la persecución de la estrella. Aunque, la muchacha no comprendía la utilidad de algunos de esos objetos.

La puerta del observatorio se abrió de par en par y entraron en la habitación Gaspard el Rojo y el rey Serakin III, muy nerviosos. Malgalath apenas se inmutó y siguió lanzando objetos a la pálida René.

—Majestad… —musitó la muchacha con una reverencia.

—Tranquila, René, levanta. No hacen falta ahora las formalidades ¿dime qué está ocurriendo? Tú que eres la voz de la razón… —dijo el rey mientras observaba al viejo mago renquear sobre una escalera tambaleante.

—P-p-pues… Bueno, parece que mi maestro tenía razón, majestad. Con la estrella, está surcando el cielo. En unos veinte minutos se acercará lo suficiente para observarla muy de cerca —contestó sonrojada.

—¿Y qué está haciendo ahora el viejo? —preguntó Gaspard casi deseando que todo aquello fuese solo una pesadilla.

—Recoger lo estrictamente necesario para el viaje.

—Gracias, René… ¡Malgalath! ¿Me escucha? Quiero hablar con usted —dijo el rey.

El viejo hechicero se detuvo durante unos segundos y miró a su alrededor. Vio sin mirar a su aprendiz, al rey y al mago rojo. Se bajó lentamente de las escaleras y dijo:

—Hay que encender a Bactriano.

Se recogió la bata y salió corriendo de la estancia carreras abajo. Nadie en el palacio lo había visto con tanta energía. René, Serakin y Gaspard siguieron al viejo mago a duras penas.

En el hangar subterráneo se encontraron con una nave espacial algo mediana, pero de apariencia ágil y veloz. En el techo estaba Malgalath conectando unos cables y apretando una serie de botones extraños. Cuando los tres entraron al hangar, el anciano hechicero los recibió bailando de alegría.

—¡Majestad, Gaspard, René! Os presento a Camellia, la niña de mis ojos.

—Es una nave espacial para perseguir a la estrella, ¿verdad? —preguntó la muchacha maravillada.

—Exactamente.

La estrella brilló en el cielo envolviéndolo todo de un color dorado y una dulce voz inundó el planeta:

—¡La Carrera Estelar ha comenzado! ¿Quién será capaz de atrapar a la estrella y alcanzar el Paraíso? ¡Animaos valientes!

La estrella se apagó y volvió a volar hacia el firmamento.

—¡Espera! ¿Una carrera? —gritó el rey.

Todo el mundo se miró durante un instante y subieron a Camellia. Unos minutos después la nave espacial surcaba el cielo alejándose de Prajem. La carrera solo acababa de empezar.

 

*Para el resto de seres de la galaxia significaba: “necios pretenciosos”

**Las mayúsculas no son del autor. Vienen de serie.

Este relato pertenece al #OrigiReto2019, el reto de escritura creado por Stiby (ver blog) y Katty (ver blog).

Título: ‘Prévision’ d’acostament
Objetivo: 12 (Crea tu propia versión de un cuento conocido)
Objetos: 14 y 15  (Un avestruz disecado y una pluma)
Palabras:  2016 (según contadordepalabras.com)
Test de Bechdel: No
Medallas: Ninguna (creo)

12 comentarios sobre “‘Prévision’ d’acostament | Relato de diciembre #OrigiReto2019

  1. Hola!!
    A veces, los incomprendidos acaban ganando a la cordura, siendo o no pretencioso. Te leo desde Twitter. Compartí tú relato desde mi cuenta @kturmo y tengo que decirte que, has hecho un gran trabajo. Me ha gustado mucho: los personajes cumplen su función , la historia esta bien hilada, no veo errores y daría para más.

    Buen post.
    Un saludo! Keren

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  2. ¡Hola, Miguel!

    La verdad es que no suelen gustarme las historias en las que aparecen muchos nombres desde el principio en muy poco espacio. Creo que, la mayoría de las veces, solo suponen un lío para el lector, porque todavía no lleva el tiempo suficiente familiarizándose con la historia como para asimilar tanta información de golpe. Sin embargo, aquí sí que lo he visto bien porque repites varias veces cuál es el nombre del planeta, del rey, de cada mago… Es más sencillo asignar un rol a cada personaje porque repites qué tipo de personaje/planeta/objeto es en lugar de nombrarlo una vez y seguir como si nada. Yo, al menos, lo agradezco; que, si no, a los dos párrafos ya no sé a qué (o a quién) designa cada nombre.

    Me ha hecho bastante gracia lo de la carrera estelar, aunque me surge la duda de quién quedará al mando si hasta el mismísimo rey se ha metido en la nave espacial y ha abandonado su territorio. Muy bueno lo del soltero de oro de la galaxia, por cierto, y también lo de «seres de inteligencia superior». Muy sutil, además, lo de la orientación sexual de René.

    Nos leemos 🙂

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    1. Muchas gracias 😊 Me daba miedo pasarme con los nombres, es verdad, pero necesitaba de alguna manera presentarlo todo. Al menos como eran pocos personajes y pocas cosas, más o menos, pensé que no iba a quedar tan mal. Pero uf…

      Sí, ya tengo pensado como seguir esta historia para el año que viene en el reto y ver cómo continúa todo y además ver qué diantres pasa en el reino ahora que el Rey se ha ido. Y más cositas. Y sí, lo de René es un poquito sutil 😉

      Muchas gracias por pasarte.
      Nos leemos y un abrazo.

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  3. Awwwwww ❤ Ya vienen los reyes~
    Por los arenales~
    Y al niño le traen~
    Naves espaciales~
    Pajaritos verdes, hojas de limón..
    Suficiente xD Genial relato, muy acorde con las fechas, súper bien puestos los objetos 😛 y conseguidísimo el objetivo. Me encanta además como lo has adaptado a ese contexto tan tuyo del espacio :P. Además, has hecho el mismo ejercicio que yo en una especie de relato experimental que hice en el blog, en el que metí el cuento de Caperucita Roja en un futuro en el espacio y ella es piloto mercante de una nave… en fin que me lío xD me ha gustado mucho ^^ tienes alguna coma rara, como aquí "Pero, lo que más deseaba René era escapar de aquel planeta de locos." que en lugar de tras "pero", yo la habría puesto tras René. pero vaya. tonterías. Bien ambientado, original y estupendo, enhorabuena ^^

    .KATTY.

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    1. Oye, pues quiero leer ese relato de la Caperucita Roja en el espacio, que pinta muy bien y muy interesante, la verdad. Uf, sí, ya veo que me he dejado comas mal puestas, sí, las prisas y la falta de poder corregir, pero gracias ^^

      Y nada, me alegra mucho que te guste y me alegra también que pese a lo súper liada que estabas te has pasado, jo, muchas gracias.

      Un abrazo.

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